En este artículo quiero hablarte sobre qué es el trauma y darte algunas claves para comenzar a reconocer el impacto que tiene en tu vida y la importancia de acompañarlo de un modo amable y respetuoso.

Mi experiencia con el trauma

Antes de comenzar a hablarte del trauma quería contarte brevemente mi experiencia en torno a él. 

Cuando tenía 21 años sabía que muchas de las experiencias difíciles que había vivido en mi vida habían dejado heridas en mí y decidí comenzar a ir a psicoterapia para empezar a abordarlas. 

Con los años he descubierto que acercarse al trauma exclusivamente a través de la mente tiene sus limitaciones . Es esencial incluir el cuerpo en este proceso, aprendiendo a sentirlo y escucharlo de un modo respetuoso, porque ahí es donde reside y se acumula nuestro trauma.

Ahora, veinte años después, algunas de mis heridas han ido sanando y otras siguen resonando en mi interior y estarán ahí el tiempo que necesiten hacerlo. Yo simplemente voy aprendiendo a sentirlas y acompañarlas, viendo qué necesitan y ofreciéndoselo, y ese es el mejor regalo que he descubierto que puedo ofrecerles y ofrecerme.

¿Qué es el trauma?

La palabra trauma suele asustar, generar rechazo y solemos salir corriendo al escucharla. Por eso hoy quiero hablarte de ella para desestigmatizarla y ayudarte a comprenderla y verla de un modo más familiar y natural.

El trauma son las heridas emocionales con las que convivimos. En algunas personas son más grandes y en otras más pequeñas, según las experiencias que hayamos vivido, pero a todas nos acompañan. Condicionan nuestra forma de sentir, ser, ver el mundo, pensar y comportarnos en el presente.

“Cualquier experiencia que sea lo suficientemente estresante como para dejarnos sintiéndonos indefensos, asustados, abrumados o profundamente inseguros se considera un trauma”

Pat Ogden 

Es una experiencia subjetiva, en ella lo traumático no son los hechos en sí sino el sentir que ese hecho nos supera y no tenemos la capacidad de reaccionar ante él y resolverlo.

¿Qué tipos de hay?

Los dos tipos principales de trauma que existen son:

  • Trauma simple: Aparece ante una situación puntual que pone la vida de la persona en riesgo (vida, sustento, valores, apoyos, hogar, etc.). Puede implicar a otra gente o no. Suele ser menos habitual y más evidente para la persona que lo sufre que el complejo. Ej: Desastre natural, accidente, perdida de un ser querido, separación de lxs padres/madres, abuso físico y/o sexual aislado, etc.
  • Trauma complejo: Es repetitivo, se va acumulando, se da en relación con otra/s persona/s, es más habitual que el anterior, suele ser más normalizado y pasar desapercibido. Ej: Falta de amor y compasión, humillaciones (no sentirte válida), invalidación emocional (no poder expresar emociones como el enfado, la tristeza, etc.), sentir que tienes que ser perfecta para ser aceptada, sentirte sola ante tu dolor sin nadie que te acompañe y ayude a regularte, abuso físico o sexual continuado, etc.

Cuando sucede en la infancia, y lo sentimos en relación a las personas que se encargan de nuestro cuidado, deja una gran huella en nosotras afectando a nuestro desarrollo posterior y vida adulta.

Hay otros tipos de trauma en los que no voy a entrar pero sí que hay uno de ellos que te quiero explicar brevemente: el trauma transgeneracional. Es aquel que heredamos de nuestrxs antepasadxs a través de los genes. Ej: Si tu abuelo/a sufrió algún trauma en su vida, tú como su nieta tienes probabilidades de desarrollar reacciones de estrés excesivo o dificultad para regular tus emociones.

¿Cómo puede estar afectando a tu vida actual?

El trauma lleva a:

  • Vivir en el pasado o en el futuro, desconectada del momento presente.
  • Desconectar de tu cuerpo ya que el sentir se vuelve muy abrumador.
  • Desregular tu Sistema Nervioso. Vivir en un estado de supervivencia-inseguridad-amenaza-alerta estando hipervigilante ante los posibles peligros que puedan surgir. Si la amenaza que sientes es muy grande incluso puedes llegar a bloquearte no desarrollando ciertas áreas o facetas de tu vida.
  • Ser menos resiliente, tener más  dificultad para poder afrontar lo que te sucede.
  • Interpretar las cosas de un modo más negativo.
  • Ver el mundo más polarizado, en blanco y negro, restringiendo el rango de matices, opciones, posibilidades, etc.
  • Que haya poco espacio en tu día día para ti, para la exploración, el juego, el disfrute, el placer, la creatividad, etc.
  • Que te cueste confiar y conectar con otras personas. Sentirte sola, no querida, no comprendida ni escuchada, etc. Aislarte socialmente.
  • Desregularte emocionalmente: Desconectar de tus emociones y no sentir. Tener cambios bruscos de ánimo y/o reacciones desproporcionadas ante situaciones que activan tus heridas.
  • Convivir con la culpa, la vergüenza y el sentimiento de no ser suficientemente válida.
  • Ser muy dura y exigente contigo misma, perfeccionista, vivir en un constante demostrar y demostrarte que eres suficiente, criticarte y machacarte a menudo, etc.
  • Hacer cosas sin parar, forzarte frecuentemente, no respetar tus ritmos ni tu necesidad de descanso.
  • Arrasar con tus necesidades, complaciendo a menudo y no poniendo limites por miedo a no ser aceptada.
  • Sufrir otros síntomas como: Estrés, ansiedad, agotamiento, irritabilidad, miedo, pesadillas, flashbacks, lagunas (no tener recuerdos de ciertos momentos de tu vida), insomnio o necesidad de dormir mucho, disociación, dolor corporal persistente, problemas digestivos, dificultad para atender y concentrarse, depresión, fobias, adicciones, migrañas, fatiga crónica, fibromialgia, cáncer, etc.

Es probable que al leer esta lista te hayas sentido identificada con varios de los síntomas descritos. Darnos cuenta de ello no es fácil y nos conecta con nuestro dolor y vulnerabilidad, por eso quiero recordarte que no estás sola en esto, todas tenemos traumas, no hay persona en el mundo que no los tengan. Nadie elige tenerlos, no son nuestra culpa, se dan por si solos y escapan de nuestro control. Fíjate, si hay hasta traumas que heredamos de nuestrxs antepasadxs.

Tomar conciencia del trauma que habita en ti es una gran oportunidad para aprender a reconocer cómo opera en ti ahora, comprenderte y acompañarlo con mucha paciencia, respeto y mimo. Aquí quiero aclararte que no es necesario recordar ni entender lo que pasó sino simplemente cómo actúa en ti hoy.

¿Cómo puedes sanarlo? Acompañar vs sanar

Cuando hablamos de trauma la primera pregunta que, por lo general , viene en nuestra cabeza es ¿Cómo puedo sanarlo?

Está claro que a nadie le gusta sentirse mal y que deseamos sanar nuestras heridas para sentirnos mejor pero ojo con esto. Hoy en día se habla mucho del trauma y se vende su sanación como si fuera un objetivo a conseguir en la inmediatez. Esta visión fuerza la recuperación, puede hacer mucho daño y retraumatizar, generando mucha exigencia, culpabilidad y sufrimiento. Hoy en día hay muchas personas que viven obsesionadas con sanar sus traumas y eliminar su dolor, haciendo mil cosas para intentar lograrlo (cursos, terapias, libros, etc.), y muy frustradas y machacándose mucho por no lograrlo. Al final parece que si no sanas es porque no quieres, no haces lo suficiente, no sirves, etc. Lo sé porque yo he estado ahí hace unos años, desesperada por quitármelo de encima y sentirme mejor, culpándome y tratándome mal por no lograrlo… hasta que tras mucho tiempo entendí que no funcionaba así.

Al igual que nuestro cuerpo se hiere tiene la capacidad innata de sanar pero no entiende de objetivos, exigencias y prisas. Va a bordando aquello para lo que se siente preparado, acompañado y seguro. Hay heridas que irán sanando y otras que nos acompañarán toda la vida. La clave no está en sanarlas sino en aprender a reconocerlas, aceptarlas y acompañarlas con mucho amor ofreciéndote lo que necesitas en cada momento y, desde ahí, lo que esté preparado para sanar sanará por sí solo.

Al fin y al cabo el trauma se produce por una sensación de falta de amor así que el mejor regalo que puedes hacerte para acompañarlo es aprender a reconocer el impacto que está teniendo en ti en la actualidad, dar un espacio a tu dolor, acompañarlo con paciencia, amor, respeto y amabilidad, y buscar el apoyo que necesites para gestionarlo y cuidarte en el proceso.

En el próximo artículo te hablaré con profundidad del abordaje del trauma a través del cuerpo y de enfoques sensibles al trauma como el mindfulness informado en trauma, la teoría polivagal, el movimiento consciente y el yoga sensible al trauma. Enfoques en los que me he ido formando y experimentando a lo largo de estos años.

Espero que el artículo te haya sido de utilidad y cualquier duda pregúntame lo que necesites escribiéndome en los comentarios o si te sientes más cómoda puedes hacerlo por privado pinchando aquí.

Un abrazo,

Jane

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