En este artículo quiero hablarte sobre el trauma que se va generando en ti por el simple hecho de haber nacido mujer y del impacto que tiene en tu cuerpo, sistema nervioso, salud y bienestar.

¿Qué es la socialización de género?

Desde que llegamos al mundo, incluso desde antes de nacer, nos transmiten las creencias, valores y comportamientos sobre qué es ser una mujer y cómo debemos comportarnos para cumplir con lo que se espera de nuestro género.

Esto lo aprendemos en la familia, escuela, medios de comunicación y sociedad en general.

A partir de este aprendizaje se interioriza por parte de los hombres y mujeres la división de tareas en función del sexo y se construyen los roles de género hombre y mujer.

Para cumplir con el rol de mujer que nos impone la sociedad debemos ser:  Complacientes, amables, cuidadoras, estar siempre bien con una sonrisa, tener un buen aspecto físico y carrera profesional, calmadas, educadas, no llamar la atención, pasarnos de listas ni enfadarnos; sumisas, débiles, sacrificadas, luchadoras, no pensar en nosotras mismas y dejar nuestras necesidades y autocuidado para lo último, cuando todo lo demás ya está cumplido, etc.

Desde pequeñas vamos aprendiendo, amoldándonos, cumpliendo e interiorizando estos mandatos para ser aceptadas y si nos desviamos de ellos la sociedad se encarga de recordarnos que eso no está bien. De este modo no podemos sentir, ser, pensar y comportarnos en libertad. Si nos armamos de valor y decidimos hacerlo es a costa de ir a contracorriente, poner límites constantemente y luchar sin descanso, cosa que tiene grandes repercusiones en nuestro bienestar.

¿A qué da lugar la socialización de género? Desigualdad, discriminación y violencia de género.

A partir de la socialización de género se origina:

  • La desigualdad entre hombres y mujeres debido a la cual las mujeres tenemos menos oportunidades y recursos disponibles que los hombres.
  • La discriminación de las mujeres que da lugar a relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres.
  • La violencia psicológica, física y sexual que sufrimos las mujeres en nuestro día a día.

Aunque se trata de invisibilizar y se van realizando algunos cambios, seguimos viviendo en una sociedad patriarcal donde los hombres tienen el poder y controlan el ámbito político y económico. Debido a ello cuentan con grandes privilegios que a un nivel más micro también se pueden observar diariamente en las relaciones entre hombres y mujeres.

Esta situación se ve agravada en las mujeres al ser jóvenes o mayores, migrantes, racializadas, precarias a nivel laboral y económico, contar con alguna discapacidad y/o pertenecer al colectivo LGTBI+.

Es esencial visibilizar y dar un lugar a esta situación que diariamente nos oprime, aterroriza, somete, silencia, limita, violenta, daña, enferma e incluso nos asesina.

¿Cómo afecta a nuestro Sistema nervioso?

La socialización, desigualdad, discriminación y violencia de género nos llevan a gestarnos, nacer, desarrollarnos y crecer en un entorno hostil en el que nos sentimos amenazadas e inseguras. Esta sensación de inseguridad va generando heridas en nosotras a las que podemos denominar trauma. En el artículo «El trauma que te acompaña» te hablo con más detenimiento de esto.

“Cualquier experiencia que sea lo suficientemente estresante como para dejarnos sintiéndonos indefensos, asustados, abrumados o profundamente inseguros se considera un trauma”

Pat Ogden 

El sistema nervioso es el encargado de activar en nuestro organismo respuestas que nos permiten afrontar el peligro para defendernos y sobrevivir, y volver a la calma una vez pasada la amenaza. Esta función se va desregulando por el impacto que el trauma tiene en nuestro cuerpo. De manera que los estados de calma y seguridad son casi inexistentes y solemos movernos entre modos de lucha o huida-hiperactivación (incapacidad para relajarse, ansiedad, tensión muscular, insomnio, problemas digestivos, etc.) y de congelación-hipoactivación cuando sentimos que la amenaza es demasiado fuerte como para luchar o huir (agotamiento, apatía, depresión, necesidad de dormir mucho, enfermedades autoinmunes como el cáncer y la fatiga crónica, etc). Es muy común en nosotras que tras largos periodos de hiperactivación caigamos es estados de hipoactivación porque el sistema ya no puede más y necesita recuperarse.

Esto lo he vivido en mi propio cuerpo y lo veo día a día en las mujeres que acompaño y con las que me relaciono. Nos pasamos tantos años tirando para adelante, tratando de encajar en el molde, desatendiendo a nuestras necesidades, asustadas, heridas, cuidando sin cuidarnos, reprimiendo lo que realmente sentimos, defendiéndonos, luchando por nuestros derechos, poniendo límites… que llega un momento en el que no podemos más.

¿Qué impacto tienen en tu saludMalestares de género

La mayoría de los síntomas que sufrimos las mujeres vienen derivados de las situación descrita anteriormente. Son los llamados malestares de género.

Algunos malestares de género más frecuentes son:

  • Miedo, inseguridad, hipervigilancia continua. Ej: Miedo a volver a casa solas, a expresarnos con libertad, a no ser aceptadas si nos mostramos tal y como somos, a comentarios y miradas que recibimos, a reivindicar situaciones que percibimos injustas, a abusos físicos, verbales y sexuales, etc.
  • Desconexión de una misma, de nuestro cuerpo, su sentir y emociones. Da lugar a la desregulación emocional y falta de autoconocimiento y autocuidado.
  • Gran exigencia y perfeccionismo para conseguir cumplir con nuestro rol y agradar. Esto nos lleva a vivir sin parar, esforzarnos continuamente y dejar de lado nuestros ritmos y necesidades. 
  • Tener que luchar continuamente por nuestros derechos e ir contracorriente de lo prestablecido.
  • Gran carga mental derivada del papel de cuidadora.
  • Agotamiento derivado del esfuerzo continuado. Sensación de que no te da la vida, no poder más.
  • Elevada autocrítica. Debido a los mensajes discriminatorios acabamos sintiendo que hay algo mal en nosotras y nos volvemos contra nosotras en un intento de adaptarnos y sobrevivir. Ej: “Tengo que cambiar, mejorar, espabilar” .
  • Rumiación mental debida a la elevada sensación de inseguridad con la que vivimos y a la sensación de incapacidad para actuar y defendernos. Todo lo que no decimos ni hacemos debido al miedo se queda operando en nosotras.
  • Frustración, impotencia y negatividad.
  • Enfado y rabia acumulado en el cuerpo. Ya que son una emociones no permitidas e invalidadas en nosotras, las reprimimos y explotan cuando no podemos más.
  • Culpa y vergüenza cuando no alcanzamos las expectativas o decidimos dejar de cumplirlas, priorizarnos e ir a contracorriente.
  • Soledad no deseada y aislamiento.
  • Tensión y dolor corporal en forma contracturas, bruxismo, migrañas, problemas digestivos, etc.

Estos malestares sostenidos en el tiempo acaban dando lugar a: estrés crónico, ansiedad, dolor corporal persistente, trastornos de alimentación, insomnio o o necesidad de dormir mucho, adicciones, depresión, fatiga crónica, fibromialgia, cáncer, etc.

Si no estamos enfadadas estamos dormidas.

Kristin Neff

¿Cómo puedes cuidarte?

Para poder cuidarte ante los malestares de género es necesario tomar conciencia de ellos y aprender a:

  • Reconectar con tu cuerpo y nutrir la sensación de seguridad en él a través del amor propio y autocuidado.
  • Reconocer, dar un lugar y desarrollar recursos para gestionar lo que sientes a nivel físico, mental y emocional.
  • Comprender que no es un malestar individual sino social. No somos nosotras las inadecuadas sino la sociedad.
  • Buscar el acompañamiento que necesitas para abordarlo.
  • Encontrar espacios seguros donde compartir tus vivencias y sentires al respecto.
  • Tejer redes de apoyo mutuo para salir del aislamiento y darte cuenta que no estás solas en esto. Somos muchas sufriéndolo.
  • Ser compasiva contigo misma.
  • Validar el dolor, miedo y rabia que sientes y canalizarlo en un motor que te de fuerza e impulse hacia tu autocuidado y bienestar.

Espero de corazón que lo mencionado en el artículo te ayude a comprender el impacto que tiene todo lo mencionado en tu bienestar y a abordarlo con una mirada amable hacia ti misma y junto a la red de apoyo que necesitas.

Te invito a compartir tus vivencias y sentires en los comentarios.

Aquí estoy para lo que necesites.

Un abrazo

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