Tu bienestar, salud  y felicidad están estrechamente relacionados con tu nivel de autoestima. Por este motivo, en este artículo quiero comenzar a hablarte sobre qué es la autoestima y el impacto que tiene en su formación el trato recibido en los diferentes espacios de tu desarrollo y la desigualdad de género que impregna cada uno ellos. 

Te cuento un poquito sobre mi experiencia vital

Cada día soy más consciente del efecto que tiene mi nivel de autoestima en mí y de cómo condiciona mi salud y bienestar. Por eso quiero comenzar el artículo contándote un poco sobre mi historia y el impacto que ha tenido en la construcción de mi autoestima el trato recibido por mi familia, la educación formal, la sociedad y la desigualdad de género presente en cada uno de estos espacios. 

Crecí en una familia con un padre autoritario, machista, hipercrítico y exigente, y una madre sumisa que hacía lo que podía para cumplir con el rol de mujer cuidadora y complaciente de esa época. Mi madre y mi padre tuvieron un hijo y tres hijas, y nos educaron con una gran desigualdad de género. Por ejemplo:

  • Las hijas nos encargábamos de las tareas del hogar mientras mi hermano hacía lo que le apetecía. Ejemplos: “Chicas a poner la mesa”, “Chicas a recoger”, “Chicas hay que limpiar la casa”, “Chicas, ¿Quién me ayuda a preparar la comida?”, “Chicas, ayudad a vuestra madre a limpiar”, etc.
  • A nosotras se nos exigía que nos encargásemos de los cuidados afectivos de la familia, mientras mi hermano dedicaba su tiempo a él mismo. Ejemplos: “Ve a ver cómo está tu abuelo”, “Cuida de tus hermanas”, “Sé amable”, “Sé cariñosa con tus tíos”, Mima a tu abuela, Ve a ver qué le pasa a tu hermano, Anima a tu madre, etc.
  • Nosotras recibíamos críticas y opiniones continuas sobre nuestro comportamiento, carácter, capacidades y aspecto físico. Mi hermano era libre para hacer lo que quisiera y no recibía este tipo de críticas. Ejemplos: “Deberías adelgazar un poco”, “Estás más flaca, qué guapa”, “Péinate bien, que así estás muy fea”, “Esa camiseta no te queda bien”, “Siéntate como una dama”, “Cierra las piernas”, “No comas tanto”, ¿Vas a salir con esas pintas?, “No hagas tanto ruido”, “Pon buena cara”, “Sonríe que estás más guapa”, “Tienes que espabilar”, “Mete la tripa”, “Ponte recta”, No me gusta que me digas no cuando te pido algo, “Esas cosas son de chicos”, “Siempre dices tonterías”, “Deja de hacer el tonto”, “Esto no se te da bien, mejor haz otra cosa”, A ver si aprendes de una vez, Deberías aprender de…, Mira que lista y que guapa es…,No seas tan quejica”, etc.

El colegio y el instituto al que acudí continuaron perpetuando esta desigualdad de género, el machaque, la exigencia, la crítica, las comparaciones, etc. Todas estas vivencias fueron formando en mi interior una valoración bastante pobre de mí misma así que cuando llegué a la adolescencia mi autoestima ya estaba por los suelos. Me convertí en una adolescente introvertida, acomplejada con mi cuerpo y mi inteligencia, incapaz de pensar que podía gustarle a un chico, cuidadora de todo el mundo menos de mí misma, complaciente, miedosa y que creía muy poco en sí misma y en lo que podía llegar a lograr en su vida.

Años después cuando comencé la universidad me convencí a mi misma de que todo eso iba a cambiar, ya estaba cansada de sentirme un patito feo, torpe, insegura, tonta e incapaz de conseguir lo que deseaba. De algún modo las cosas cambiaron, comencé a sacar buenas notas, me enamoré, tenía buenos y buenas amigas, me sentía fuerte y capaz de todo, etc. Durante unos cuantos años esto se mantuvo pero llegó un día que toda esa seguridad y fortaleza que sentía se desplomó. De golpe y porrazo me sentí vacía, y volvió la niña que se sentía fea, torpe, tonta e incapaz de seguir adelante y hacerse cargo de su vida.

Es como si durante esos años hubiera construido una máscara para poder cumplir con lo que socialmente se esperaba de mí, ocultar el malestar que sentía y dejar de sentirme y parecer débil. En realidad, sin darme cuenta me engañé a mí misma y construí una falsa autoestima. Pude mantener esa fachada muchos años pero al final terminó derrumbándose por su propio peso.

Los años siguientes no fueron nada fáciles pero sí una gran oportunidad para comenzar a sanarme, aprender a quererme y valorarme, y reconstruirme como persona. A día de hoy sigo en ello, desaprendiendo todo aquello que me daña y aprendiendo a quererme tal y como soy.  Me doy las gracias a mí misma, y a todas las personas y herramientas maravillosas que me ayudaron y me ayudan día a día.

Mi autoestima sigue bajita pero va aumentando poco a poco. He descubierto que la mejor manera de sanarla es nutrir mi amor propio así que eso hago cada día, ofreciéndome todo el amor y amabilidad que puedo.

¿Qué es la autoestima?

La autoestima es:

  • La manera en que te valoras a ti misma. 
  • Cómo te sientes con tu apariencia física, con tu manera de ser, con tus habilidades, con tu comportamiento, etc.
  • Cómo procesas e integras tus vivencias pasadas y presentes.
  • Cómo te sientes valorada por las demás personas.

Tu autoestima te acompaña día a día, momento a momento, y condiciona cada segundo de tu vida.

¿Cómo afecta a tu bienestar?

Tu nivel de autoestima tiene un gran impacto en ti, en cómo te sientes y vives tu vida, y por tanto en tu salud, bienestar y felicidad.

Los niveles de autoestima son:

  • Alta autoestima: Personas que se sienten valiosas y capaces. Se cuidan, se respetan y cubren sus necesidades . Viven con altos niveles de bienestar y salud.
  • Baja autoestima: Personas que se sienten mal consigo mismas, no aptas e incapaces en todos o en algunos ámbitos de su vida. No se cuidan, no se respetan y priorizan las necesidades de la demás gente frente a las suyas. Son pesimistas, perfeccionistas, se critican y machacan, etc. Viven con malestares y problemas de salud psicológicos y físicos.
  • Falsa autoestima: Personas que teniendo una baja autoestima se convencen a sí mismas y a las personas de su alrededor de que se sienten valiosas y capaces de todo en la vida. Se convierten en Superwomans. En realidad es solo una máscara porque en el fondo, aunque no puedan verlo, sienten todo lo contrario. Hay muchas mujeres que durante años construyen una falsa autoestima para cumplir con lo que se espera de ellas y no sentirse vulnerables ni débiles pero con el gran riesgo de terminar derrumbándose como me pasó a mí.

En el próximo artículo definiré con más detalle las características de cada tipo de autoestima para ayudarte a reconocer cómo es tu nivel de autoestima. De ante mano te aviso de que puede que te des cuenta de que tu autoestima no es tan buena como pensabas así que te animo a ser muy amable contigo misma al leerlo. La mayoría de las personas de occidente y sobre todo las mujeres solemos tener una autoestima bastante bajita.

¿Cómo se forma tu autoestima? ¿Cómo influye la desigualdad de género en su formación?

La autoestima comienza a formarse en la infancia. En su construcción tiene un gran impacto las experiencias vividas en la familia, la escuela y la sociedad, y el trato recibido en estos ámbitos. De pequeñas somos esponjas y vamos absorbiendo e integrando en nuestro interior todo lo que vemos, escuchamos, sentimos, experimentamos, etc. En esta época de nuestra vida somos muy vulnerables y dependemos totalmente de las personas adultas para sobrevivir por lo que estas tienen una gran influencia en nosotras y en nuestros aprendizajes.

Hoy en día es frecuente que las mujeres tengamos una menor autoestima que los hombres, esto es debido a que seguimos siendo ciudadanas de segunda y a cómo se nos trata por ello. Gran parte de los malestares que sufrimos las mujeres a nivel psicológico y físico están relacionados con un nivel bajo de autoestima.

Tener en cuenta estos aspectos es muy importante porque nosotras no elegimos nuestro nivel de autoestima, ya que es algo que no se construye de manera individual sino social.

Socialmente se entiende que una mujer con malestares es una mujer débil, quejica, desequilibrada, etc. Esto no hace otra cosa que aumentar nuestro malestar, hacernos sentir solas, avergonzadas, culpables, frustradas, impotentes y vivirlo aisladas como si se tratase de una problemática individual y no social. De esta manera entendemos que si no estamos bien es porque no queremos, no somos capaces o porque tenemos algún defecto de fábrica. Todo esto hace que aumente nuestra exigencia y responsabilidad porque parece que el sentirse bien depende exclusivamente de una misma. Por eso es normal que muchas mujeres con baja autoestima terminen creándose una falsa autoestima para poder salir adelante y dar respuesta a lo que la sociedad espera de ellas.

Nuestro malestar se suele invisibilizar y esto nos convierte en cien por cien responsables de nuestro bienestar. De manera que no se invierte dinero en la prevención ni en la mejora de la salud de las mujeres. Hoy en día poder recibir la ayuda necesaria para vivir con bienestar se ha convertido en un lujo. La sociedad y las instituciones políticas tienen una gran responsabilidad en esto y es necesario que tomen cartas en el asunto.

¿Puedo sanar mi baja autoestima?

Aquí es importante aclarar que aunque nuestras experiencias vitales han condicionado en gran medida nuestra autoestima, no la determinan. La autoestima es un constructo en continua transformación. Ahora de adulta, si lo deseas y con el apoyo necesario, puedes comenzar a sanarla.

En el próximo artículo seguiré profundizando en la autoestima de las mujeres, y te contaré cómo puedes comenzar a sanar la tuya para vivir con mayor salud, bienestar y felicidad.

Espero que el artículo te haya resultado interesante y si al leerlo te surge alguna duda no dudes en contactar conmigo. Como siempre te animo a dejarme un mensajito contándome tus vivencias sobre el tema.

Un abrazo,

Jane