En este post quiero compartir contigo cómo a través de mi experiencia personal me fui dando cuenta del machaque que me generaba al dejarme llevar por la crítica, la exigencia, la culpa, etc. Esto es algo que probablemente también te suceda a ti, al igual que a muchas otras mujeres, y si lo deseas puedes comenzar a transformarlo en amor hacia ti misma.

Mi vivencia

Hace varios años surgió en mí la siguiente pregunta: ¿Por qué aunque desee ser feliz y haya conseguido crearme una vida bonita sigo sufriendo tanto?  En ese momento no entendía muy bien por qué me sucedía esto y decidí indagar en ello. Movida por la curiosidad comencé a profundizar con el mundo de la Compasión y con el tiempo fui tomando consciencia de que ese sufrimiento vivía en mi interior. Observándome con atención me di cuenta de lo exigente y cruel que era conmigo misma y que día a día me dañaba a mí misma tratándome de esta manera.

Al principio fue duro darme cuenta del látigo que había en mí interior y de que gran parte del sufrimiento que sentía me lo provocaba yo misma. Poco a poco fui aceptándolo y este hallazgo fue transformando la manera de relacionarme conmigo misma, convirtiéndose en una gran oportunidad de aprendizaje, crecimiento y bienestar.

Desde ese momento adquirí el compromiso conmigo misma de aprender a tratarme con amabilidad y cariño. Día a día sigo cultivando la amabilidad hacia mi misma desaprendiendo todo aquello que me daña y adquiriendo hábitos más saludables.

El machaque en las mujeres

Compartiendo mi inquietud con otras mujeres fui viendo que no era algo que me sucediera sólo a mí y que en la mayoría de nosotras convive ese látigo que nos hace machacarnos y dañarnos. Esto me ayudó a tomar perspectiva, a darme cuenta que el problema no estaba en mí y a comenzar a reflexionar sobre cuál era el origen de este automachaque.

Hoy realizando una sesión con varias mujeres y compartiendo cómo estábamos viviendo el confinamiento me ha vuelto a quedar bien claro que la mayoría de las mujeres nos relacionamos con nosotras mismas, en muchas ocasiones, a través de la crítica, la exigencia, la culpa y el machaque. Además, esta manera de tratarnos cobra mayor fuerza en los momentos difíciles, es decir, cuanto peor lo estamos pasando peor solemos tratarnos.

¿De dónde viene ese látigo que hay en mi interior?

Cada una hemos tenido vivencias muy diferentes a lo largo de nuestra vida pero desde que nacemos todas hemos ido escuchando, aprendiendo e interiorizando una gran cantidad de mensajes que hemos ido integrando y haciendo parte de nosotras.

La sociedad en la que hemos crecido valora la exigencia, el sacrificio, el esfuerzo, la competencia, la producción, el individualismo, etc. y descuida en gran medida el bienestar de las personas. Esto lo hemos ido absorbiendo cada una de nosotras de nuestra familia, escuela, grupos de iguales, parejas, etc. y ha ido dando lugar a ese látigo interior que nos acompaña y daña.

Tomar consciencia de él y comenzar a transformarlo

Cuando te apetezca puedes empezar a tomar consciencia de este machaque observándolo en ti. Comenzar a aceptar el malestar que te genera como parte de tu proceso de crecimiento y abrazarte cada día ofreciéndote mucho cariño y amabilidad. De esta forma podrás ir soltando, poco a poco, ese látigo que te acompaña e ir transformándolo en amor hacia ti misma.

A lo largo de los próximos días te invito a poner atención en cómo te relacionas contigo misma y a intentar detectar situaciones en las que notes que te estás machacando. Por ejemplo cuando te dices: «Qué tonta/inútil/torpe soy», «Ya he vuelto a meter la pata», «Siempre igual», «Esto me pasa por ingenua», «Debería haberlo hecho mejor», «Hago todo mal»…Te aconsejo ir escribiéndolas en un cuaderno para tener un registro y poder continuar reflexionando sobre ellas.

Poco a poco iré profundizando sobre este tema que me apasiona y me parece fundamental para poder vivir a gusto 🙂

Espero que el post te haya ayudado a comenzar a tomar contacto con esa voz machacona que hay en tu interior. A darte cuenta de que es algo que nos sucede a todas y a coger fuerzas para comenzar a tratarte, cada día, con un poquito más de amor.

Te animo a dejar un comentario contándo un poco tu experiencia o lo que haya surgido en ti al leer el post. Compartir nuestras vivencias puede ser de gran ayuda para todas.

Os mando mucho amor,

Jane

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